En 2004 se produjo un punto de inflexión importante en la forma en que las ciudades y los gobiernos locales entienden la cultura. Con la aprobación de la Agenda 21 de la cultura, la cultura dejó de ocupar un lugar secundario para situarse, por primera vez de manera clara y estructurada, en el centro de las políticas públicas locales.
Este documento fue impulsado por ciudades y gobiernos locales de todo el mundo con una idea muy concreta: reconocer que la cultura no es solo un sector más, sino un pilar esencial del desarrollo humano, al mismo nivel que lo social, lo económico y lo ambiental.
Un documento pionero a nivel internacional
La Agenda 21 de la cultura es el primer documento internacional que plantea de forma sistemática la relación entre:
- la cultura
- los derechos humanos
- la diversidad cultural
- la sostenibilidad
- la democracia participativa
- y la paz
Hasta ese momento, la cultura solía aparecer de forma fragmentada: asociada al patrimonio, a las industrias culturales o a la programación artística. La Agenda 21 propone algo mucho más ambicioso: entender la cultura como un derecho, como un bien común y como un factor clave para construir ciudades más justas, cohesionadas y sostenibles.
Cultura como derecho y como bien común
Uno de los aportes más relevantes del documento es su enfoque de derechos. La Agenda 21 de la cultura parte de una premisa clara: todas las personas tienen derecho a participar en la vida cultural de su comunidad.
Esto implica que las políticas culturales no deben limitarse a ofrecer actividades, sino garantizar condiciones reales de acceso, participación y creación. La cultura se entiende aquí como un espacio donde se expresan identidades, memorias, lenguajes y formas de vida diversas, y donde se refuerza el ejercicio de otros derechos fundamentales.
Desde esta perspectiva, proteger y promover la diversidad cultural no es un gesto simbólico, sino una obligación política.
La diversidad cultural como base de la convivencia
La Agenda 21 reconoce la diversidad cultural como un valor central de las sociedades contemporáneas. Lejos de considerarla un problema a gestionar, la presenta como una riqueza que fortalece la creatividad, la innovación social y la convivencia democrática.
En el ámbito local, esto se traduce en políticas que:
- reconozcan las distintas expresiones culturales presentes en la ciudad,
- eviten la homogeneización cultural,
- y fomenten el diálogo intercultural como herramienta para la cohesión social.
La cultura, en este marco, actúa como un puente entre comunidades, generaciones y territorios.
Cultura y sostenibilidad: una relación estratégica
Otro de los grandes avances del documento es su vínculo explícito entre cultura y sostenibilidad. La Agenda 21 de la cultura propone que no puede haber desarrollo sostenible sin una dimensión cultural sólida.
Esto significa que:
- las políticas urbanas deben tener en cuenta los valores culturales de las comunidades,
- los procesos de transformación económica y territorial deben respetar las identidades locales,
- y la cultura debe formar parte de las estrategias de futuro, no solo del pasado.
La sostenibilidad deja de ser únicamente ambiental o económica y pasa a ser también cultural.
Democracia participativa y gobernanza cultural
La Agenda 21 de la cultura apuesta de forma decidida por la democracia participativa. Entiende que las políticas culturales son más eficaces y legítimas cuando se construyen con la participación activa de la ciudadanía, los agentes culturales y la sociedad civil.
Esto implica nuevos modelos de gobernanza cultural basados en:
- la corresponsabilidad entre instituciones y comunidad,
- la transparencia en la toma de decisiones,
- y el reconocimiento del conocimiento y la experiencia del sector cultural.
La cultura se convierte así en un laboratorio de innovación democrática a escala local.
Cultura y paz: construir sociedades más cohesionadas
El documento también establece una relación directa entre cultura y paz. Al promover el diálogo, el respeto a la diversidad y la participación, la cultura se presenta como una herramienta clave para la prevención de conflictos y la construcción de sociedades más cohesionadas.
No se trata de una visión ingenua, sino profundamente política: invertir en cultura es invertir en convivencia, en confianza y en tejido social.
¿Por qué sigue siendo relevante hoy?
Aunque fue aprobada en 2004, la Agenda 21 de la cultura sigue siendo plenamente actual. En un contexto marcado por la desigualdad, la crisis climática, la polarización social y los rápidos cambios tecnológicos, su enfoque integral resulta más necesario que nunca.
Para ciudades, emprendedores culturales, gestores y responsables públicos, este documento ofrece un marco sólido para:
- repensar el papel de la cultura,
- diseñar políticas más coherentes y transversales,
- y situar a las personas y sus derechos en el centro de la acción cultural.
Enlace de interés:
Texto íntegro de la Agenda 21 de la cultura (PDF, español)
https://www.agenda21culture.net/sites/default/files/2025-05/c21_2015web_spa.pdf
Documento de implementación orientado a políticas públicas
https://www.agenda21culture.net/sites/default/files/2025-05/docimplem_es.pdf
Página de la Agenda 21 de la cultura (sitio oficial) https://www.agenda21culture.net/es/documentos/agenda-21-de-la-cultura
Lista de informes y publicaciones relacionadas
https://www.agenda21culture.net/es/documentos/informe
Documento académico disponible en SSRN sobre Agenda 21 for Culture
https://papers.ssrn.com/sol3/Delivery.cfm/SSRN_ID2056382_code1842052.pdf?abstractid=2056382